La ocasión no podía ser más auspiciosa. Con la presencia de Irina
Bokova, Directora-General de la Organización de Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), nuestras embajadoras Laura
Faxas y Rosa Hernández de Grullón, así como representantes diplomáticos
de diversos países, se celebraba el Octavo Foro de Jóvenes, que
abordaría los temas de inclusión social, compromiso cívico, diálogo y
desarrollo de competencias.
En ese marco, se haría la primera entrega del Premio UNESCO-Juan
Bosch en Ciencias Sociales, como una forma de promover y estimular en
una nueva generación de investigadores sociales de América Latina, el
uso de las herramientas analíticas de las ciencias sociales para
contribuir al cambio social en los países de la región.
La galardonada fue Karen Nathalia Cerón Steevens, una joven
colombiana de 24 años de edad, egresada de la Universidad Nuestra Señora
del Rosario (de la que se han diplomado doce presidentes de su país),
con título de Maestría en Ciencias Políticas y Relaciones
Internacionales, quien participó con la entrega de un estudio titulado,
Hijos de la Guerra o Huérfanos del Estado? En ese trabajo, la autora
realiza una investigación sobre el fenómeno de la violencia juvenil, de
manera particular, acerca de las actividades delictivas realizadas en
Guatemala por la banda gansteril conocida como Las Maras Salvatruchas.
En el texto, se analiza la violencia juvenil en relación con los
problemas estructurales e institucionales del país centroamericano.
Se consideran, entre otros factores, el legado de las dictaduras, del
conflicto armado, de la desigualdad social, la marginalización, las
debilidades del núcleo familiar y el maltrato personal.
El jurado estuvo integrado por tres destacadas figuras: Saskia
Sassen, socióloga neerlandesa, profesora de la Universidad de Columbia,
en New York, autora de un texto, ya clásico, del pensamiento social
moderno, La Ciudad Global; Juan Luis Cebrián, celebrado periodista y
escritor español, antiguo director del periódico El País, de España; y
Rolando Cordero, un reconocido investigador y economista mexicano, autor
de varios trabajos de referencia obligada.
Bosch: maestro de las ciencias sociales
En el centro de todo ese festejo del saber, auspiciado por la UNESCO,
un centro emblemático universal que promueve los valores de la paz, la
ética, la diversidad y el diálogo intercultural, se encontraba, para
orgullo del pueblo dominicano, la figura del profesor Juan Bosch, en
cuyo nombre se honraba la entrega de la premiación.
Juan Bosch es generalmente identificado como el gran líder político,
fundador de dos grandes partidos, luchador del exilio anti-trujillista,
primer presidente electo democráticamente, luego del desplome de la
tiranía, y destacado autor en el arte de la narrativa de ficción,
especialmente en el género del cuento.
Sin embargo, a veces se pierde la perspectiva de que Bosch fue
también un consagrado maestro de las ciencias sociales, lo que se pone
de relieve por la cantidad y calidad de sus trabajos publicados, en los
que, con notable originalidad, hizo uso del análisis histórico, la
sociología, la economía y las ciencias políticas, para orientar hacia la
construcción de sociedades más democráticas, justas, equitativas y
solidarias.
Para Juan Bosch, por consiguiente, el uso de las ciencias sociales
tenía un carácter práctico. No se trataba meramente de un proyecto
intelectual o académico. Se valía, más bien, del instrumental analítico
de las distintas ramas de las ciencias sociales con la finalidad de
elaborar sus argumentos teóricos y tesis políticas que luego ponía en
acción.
En esa manera de proceder hay una cierta semejanza con la que había
cultivado un siempre reconocido gigante de las ciencias sociales, Carlos
Marx, cuando en su reflexión sobre Ludwig Feuerbach y el fin de la
filosofía clásica alemana, advertía: “Todos los filósofos que nos han
precedido no han hecho más que contemplar el mundo. De lo que se trata
es de transformarlo.” Eso fue lo que se propuso Juan Bosch a través del
estudio de las ciencias sociales: transformar su realidad económica,
social, política y cultural.
De hecho, cada una de sus obras se corresponde con un momento de la lucha política en la que se encontraba enfrascado.
LISTÍN DIARIO El estudio de los textos políticos de Juan Bosch, como
Trujillo: Causas de una Tiranía sin Ejemplo; Crisis de la Democracia de
América en la República Dominicana; Composición Social Dominicana; De
Cristóbal Colón a Fidel Castro, El Caribe, Frontera Imperial; Dictadora
con Respaldo Popular; y el Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo,
permite identificar cada una de las etapas por las que su autor fue
atravesando en su permanente lucha por la libertad, la justicia
económica y social y la dignidad humana. Pero el valor de los mismos
radica en que si bien perseguían un fin práctico, no se trataba de
panfletos propagandísticos, sino, por el contrario, de verdaderos
trabajos de investigación científica, enjundiosos y exhaustivos, que
contribuían a que los lectores tuviesen una mejor comprensión de su
realidad, así como del devenir histórico universal, de América Latina y
el Caribe y de la República Dominicana.
Así, pues, además de un connotado maestro de la narrativa de ficción,
el profesor Juan Bosch fue un agudo, penetrante y audaz pensador
político y social, que ahora la UNESCO acaba de reconocer al instituir
en su nombre el premio que promueve la investigación en ciencias
sociales entre los jóvenes estudiosos de América Latina.
El futuro de las ciencias sociales
No obstante, desde la década de los noventa del siglo pasado, la
fundación portuguesa, Calouste Gulbenkian, había designado al
prestigioso historiador y sociólogo norteamericano, Immanuel
Wallerstein, para encabezar una comisión que tuviese como meta la
realización de una investigación sobre el estado de las ciencias
sociales y su posterior reestructuración.
Los resultados de esa investigación fueron concluyentes.
Las ciencias sociales, cuyas raíces se encuentran en el siglo XVI, en
el intento por desarrollar, en el mundo moderno, “un conocimiento
secular sistemático que tenga algún tipo de validación empírica”, se
encontraban en crisis, de acuerdo con los hallazgos de la comisión
investigadora.
La razón de esa crisis se debía a que cuando las distintas
disciplinas fueron organizadas para fines de enseñanza académica,
quedaron separadas entre sí, en forma de departamentos. De tal manera,
que había Departamentos de Historia, Economía, Sociología, Antropología,
etc., pero sin ningún tipo de relación entre sí.
Al ser la realidad un todo integral, es evidente que esta manera de
organización institucional del conocimiento resultaba insuficiente para
el pleno conocimiento de la realidad social. La recomendación era la de
que en lugar de segregar el conocimiento en distintas disciplinas, estas
fuesen reestructuradas de tal manera que hubiese una especie de
“intrusión recíproca en el dominio específico de cada disciplina”, por
los investigadores de las distintas ramas de las ciencias sociales.
En el fondo, se trataba de ver el conocimiento en las distintas áreas
de las ciencias sociales, no separadas entre sí, sino en posibilidad de
intercambio y colaboración, en eso que hoy se conoce como enfoque
interdisciplinario.
Ese enfoque de esfuerzo colectivo en la investigación, de
colaboración multi e interdisciplinaria, ha triunfado en el mundo
moderno, pero aún así, algunos lo perciben como insuficiente, sobre todo
en relación con el avance experimentado por otras ramas del
conocimiento científico, especialmente en las ciencias de la vida y las
ciencias computacionales.
Se propone, en la actualidad, que las ciencias sociales experimenten
un sacudimiento; y que incorporen a sus planes de enseñanza e
investigación nuevas áreas del saber, como podrían ser, por ejemplo, la
economía conductual (behavioural economics), que estudia las tendencias
cognitivas y emocionales de los seres humanos en los mecanismos de tomas
de decisión; la ciencia biosocial; la ciencia en redes (network
science); la neuroeconomía (neuroeconomics); la genética conductual,
inteligencia artificial y meta data (Big data).
En fin, por toda la reflexión y debate que durante algunos años viene
realizándose, las ciencias sociales han empezado a entrar en una nueva
etapa de su evolución, que sin dudas traerá nuevos cambios en la forma
en que vivimos, trabajamos, nos relacionamos y distraemos, así como por
la manera en que en el futuro se realizarán los proyectos de
investigación.
A nosotros, los dominicanos, nos queda la satisfacción de que el
nombre de un ilustre compatriota haya sido utilizado por la UNESCO, para
estimular su desarrollo entre los jóvenes de América Latina.




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