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Brasil en caída: Renunció el ortodoxo Levy, llega Barbosa (¿un Kicillof carioca?)

 
 
Urgente24.com  |18/12/2015 Compartir Urgente24 twitter facebook
 
 
 
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Brasil en caída: Renunció el ortodoxo Levy, llega Barbosa (¿un Kicillof carioca?)

Joachim Levy, renunciado ministro de Hacienda de Brasil.

La presidente Dilma Rousseff decidió acelerar la búsqueda del sucesor de Joaquim Levy al frente del Ministerio de Hacienda, luego de la filtración de la despedida del actual ministro en una reunión interna, y el nombre del nuevo jefe de la cartera económica podía conocerse este viernes o, a más tardar, la próxima semana. 
 
Nelson Henrique Barbosa Filho nació en Rio de Janeiro, es economista por la Universidade Federal do Rio de Janeiro, con posgrado en la New School for Social Research de Nueva York (USA). Al menos desde 2003 es funcionario federal en diferentes áreas del gobierno del PT.
 
Aparecían entre los favoritos el ministro de Planificación, Nelson Barbosa, el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Armando Monteiro, Marcos Lisboa, presidente del instituto de formación en finanzas Insper, y el director ejecutivo del FMI, Otaviano Canuto. Tanto Canuto como Lisboa formaron parte del primer equipo económico del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el 2003, y que fue conducido por el médico Antonio Palocci. 
 
Monteiro, empresario y ex presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), sería el preferido del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien también recomienda al jefe del Banco Central Henrique Meirelles.
 
Pero Dilma eligió a Barbosa, un aliado suyo en el gabinete, y quien había mantenido un bajo perfil en los últimos meses, en desacuerdo con Levy sobre la profundidad de los recortes, que él temía prolongaran la recesión e hicieran regresar a millones de brasileños a la pobreza, según una persona familiarizada con su opinión.
 
Las especulaciones sobre una posible renuncia de Levy crecieron después de que Fitch se convirtiera en la 2da. agencia en quitarle al país el codiciado grado de inversión. La decisión, aunque era ampliamente esperada, reflejó el fuerte cambio en el panorama de la mayor economía de América Latina.
 
En su reunión con los medios, Levy no hizo mucho para despejar la especulación sobre su posible partida.
 
"El final del año legislativo me ofrece más opciones", dijo Levy. "Mi objetivo no es crear algún tipo de vergüenza para el gobierno. Es importante tener claro exactamente cuáles son las prioridades ahora".
 
Levy, elegido hace casi un año para contentar a los mercados, contener el gasto y devolver el impulso a la atragantada economía brasileña, había admitido en un encuentro con periodistas horas antes de hacerse pública su dimisión que había hablado ya con Rousseff de su salida. El jueves, en una sesión del Consejo Nacional Monetario admitió, según testigos de esa reunión, que él no asistiría a la sesión de enero.
 
El desencuentro definitivo entre la presidenta Dilma Rousseff y el ministro de Economía ocurrió el jueves, con la aprobación del presupuesto. Levy era partidario de que se reservara el 0,7% del PIB brasileño, esto es, 42.800 millones de reales (10.950 millones de euros) para enjugar deudas; el Congreso, con la anuencia del resto del Gobierno, aprobó sólo reservar el 0,5%, es decir, 30.580 millones de reales, 7.645 millones de euros). La diferencia, según varios miembros del Gobierno y destacados dirigentes del Partido de los Trabajadores (formación de centro izquierda a la que pertenecen Rousseff y Lula) estribaba entre recortar o no recortar uno de los programas sociales más populares del Gobierno de Rousseff (y anteriormente de Lula), el denominado Bolsa Familia, destinado a los hijos de familias pobres en edad escolar.
 
Folha de Sao Paulo había anticipado la salida de Levy para enero, aún cuando él había logrado la aprobación del proyecto que busca estimular la repatriación de capitales no declarados en el exterior.
 
El diario especializado en finanzas, Valor, había indicado que Levy acordó su salida con la presidenta Dilma Rousseff, aunque permanecería por un tiempo en el cargo hasta encontrarse su reemplazo. La difusión de la noticia aceleró todo.
 
El pedido de Dilma a Levy apuntó a que el ministro realice una transición suave y discreta, para no asustar a los mercados.
 
Enfrentando un proceso de impeachment en el Congreso y una dramática crisis política, se espera que las ambiciones del gobierno por recortes fiscales se reduzcan fuertemente.
 
Levy defendía una meta de superávit primario presupuestario de 0,7% del Producto Interno Bruto (PIB) para el 2016, pero se espera que termine siendo entre neutra y un equivalente a 0,5% del PIB.
 
Una meta de superávit de 0,7% del PIB exigiría cortes en el emblemático programa social Bolsa-Familia.
 
Al final, Rousseff decidió que el programa Bolsa Familia, a pesar de la crisis económica, era intocable. Y Levy sintió, a tenor de los insistentes rumores de su salida, que su sitio, su poder y su sentido en el Gobierno había llegado a su fin. A juicio de varios analistas, Rousseff actúa con las manos atadas: enfrentada a un proceso de destitución parlamentaria que puede apearla del cargo, debe asegurar —antes que nada— los votos favorables de todos los diputados de su partido, el PT, y de sus aliados de izquierda. Es un ejemplo de cómo la política interfiere y retuerce la crisis económica brasileña, que cada vez presenta cifras más alarmantes: la previsión de la inflación ya se apunta hacia un 10%, impensable un año antes.
 
La noticia de que el Congreso brasileño —y el Gobierno— eran partidarios de no hacer caso a Levy en el presupuesto, hecha pública antes de la aprobación efectiva de las cuentas públicas, sirvió de detonante para que la agencia de calificación Fitch rebajara el jueves por la mañana la nota sobre la deuda brasileña, rebajándola a bono basura. Los mercados respondían así a la desautorización sufrida por el que había sido hasta ese momento su aliado en el Gobierno de Rousseff.
 
El tira y afloja entre las tesis restrictivas de Levy y las más expansivas de los líderes del PT y del ala más a la izquierda del Gobierno han constituido el día a día de la acción política del Ejecutivo brasileño. Hasta el punto de que los rumores sobre la salida del ministro de Economía brasileño, formado en la ultraliberal escuela de Chicago, se han convertido en casi un género propio de la moderna crónica parlamentaria brasileña. En septiembre, en vísperas de un viaje a Turquía para participar en una reunión del G-20, Levy desmintió expresamente —tras dialogar con la presidenta— que fuera a dimitir. Ahora no ha dado ese paso.
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