Como muchas mujeres, Maji Phaneer soñaba con celebrar el último domingo de cada mes de mayo. La infertilidad se interponía a tal punto, que creía que era imposible recibir felicitaciones por el Día de las Madres. Aunque conocía su realidad, su fe en Dios la ayudaba a albergar la esperanza de que, en algún momento, un milagro sucedería. No se equivocó. Cuando lo creyó prudente, el Señor la bendijo en tres ocasiones. Esas bendiciones llevan por nombre: Adif, Amel, Aslan. |
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