Uno de los argumentos que ahora han entrado en el escenario son las
aportaciones grandiosas que han hecho los inmigrantes haitianos a la
sociedad dominicana. Me ha tocado leer dos tesis. O, mejor dicho, dos
bodrios. En ambas se han empleado informaciones tergiversadas; se ha
hecho gala de una falta de probidad intelectual portentosa. En algunos
casos, con una buena dosis de ingenuidad que raya en el cretinismo. Se
han inventado una realidad muy distinta de la que vivimos.
Posteriormente, me he tropezado en un periódico, con una exposición del
contenido de las tesis de marras, presentado como una investigación de
altos vuelos. Una autentica chapucerĆa.
Todo este tinglado se ha empleado para negar la realidad. Fabricarles
la justificación a los que promocionan a estos inmigrantes
indocumentados. Hablan con aire doctoral; toman Ćnfulas de acadĆ©micos y
de expertos; son unos chupa cƔmaras; esconden las informaciones
preocupantes, porque su propósito es manipular a la opinión pública con
cuadros, informes, seminarios. A estos maestros de la mentira, de lejos,
se les ve el plumero.
¿QuiĆ©n con dos onzas de cerebro puede pensar que se combate el
endĆ©mico desempleo que padece el paĆs desnacionalizando completamente el
trabajo? ¿QuiĆ©n puede imaginarse que al privar al dominicano de los
mecanismos de supervivencia representado por el empleo, no se iba a
producir lo que se estĆ” produciendo ahora, que es el crecimiento de la
delincuencia, del narcotrÔfico, de la prostitución, del juego, de la
inseguridad y de la desesperanza? ¿QuiĆ©n con dos dedos de frente puede
considerar que estas nuevas realidades incubadas en el mal anterior
deban ser catalogadas como una aportación que merezca editoriales de
unos periodistas serios?
No dejo de romperme la cabeza al imaginarme quiƩn tendrƔ la flema
inglesa de suponer que el hecho de que el Estado dominicano se gaste mƔs
de 3000 millones de pesos del presupuesto nacional del Ministerio de
Salud PĆŗblica en atenciones a estos inmigrantes indocumentados que
franquean la frontera pueda presentarse como un triunfo económico y no
como una derrota social. No, señores, esas aportaciones sólo contribuyen
a nuestra pobreza. Se ha destruido el salario, y los que emplean esta
mano de obra pagan menos; ganan mƔs; quizƔ se hacen mƔs ricos; pero el
paĆs se hunde.
Estamos, a ojos vistas, ante economistas tuertos que sólo ven los
beneficios que obtiene el haitiano, que es el que estĆ” produciendo, y
enviando remesas a su paĆs, y mantienen una inconfesable ceguera ante la
situación del dominicano, que ya ha perdido la esperanza. Esta
despreocupación por la suerte del dominicano, este desprecio por sus
derechos nacionales se explica porque se hallan poseĆdos de una visión
ideológica que les da sensación de tener el monopolio de la compasión.
Pero una compasión selectiva, que es impiedad para el dominicano. Una
compasión y una comprensión de la cual estamos excluidos rotundamente.
Al realizar el sueƱo del haitiano de apropiarse de los empleos y
establecerlo en el paĆs, fabrican la pesadilla del dominicano.
Toda esta gavilla compuesta por curas, periodistas, vividores de ONG
se presenta como los donjuanes de la paz. Una paz fundada en arrebatarle
el derecho al dominicano para dƔrselo al haitiano, en traspasarnos los
inmensos problemas de otro paĆs, en desacreditarnos internacionalmente y
en inventarnos una nueva realidad completamente fantasiosa para
manipular nuestra percepción de la realidad verdadera. He aquà el método
de sociólogos, periodistas y jesuitas: se combate el desempleo,
metiendo mƔs haitianos en los puestos de trabajo; se combate la
insalubridad, importando enfermos del paĆs mĆ”s insalubre del continente;
se combate la falta de educación, inscribiendo niƱos del paĆs vecino en
las escuelas, y echando por tierra toda la planificación nacional.
Estos pirómanos, disfrazados de pacĆficos bomberos, recomiendan apagar
el fuego en que se ha transformado nuestra sociedad con chorros de
gasolina. ¡Doctores tiene la Iglesia! ¡ay, si nos llevĆ”ramos de algunos
expertos!
Cuando les exigimos que nos demuestren en quƩ se han beneficiado los
cientos de miles de dominicanos que ya no estƔn ni en la agricultura, ni
en la construcción, ni en el turismo, ni en la buhonerĆa ni siquiera en
la mendicidad, echan mano de discursos de otras realidades como
argumento de autoridad, emplean una palabrerĆa sacada de los peores
vertederos ideológicos. La realidad ha vencido a los teoriquillo de
pacotilla. Si en nuestro paĆs el empleo es cada vez mĆ”s escaso, y los
inmigrantes envĆan al suyo cada vez mĆ”s remesas, ¿dónde estĆ”n las
ventajas que estos “cientĆficos” han localizado y que a los dominicanos
les resultan tan difĆcil de observar? ¿cuĆ”les son las demostraciones
concretas que nos dicen que la pƩrdida de empleo, la imposibilidad de
modernizar la agricultura, el empobrecimiento progresivo y permanente de
nuestros trabajadores y todos males sociales que trae consigo esta
inmigración tengan un efecto positivo para la sociedad dominicana? ¿
QuiƩn puede hacer esas demostraciones?
Hay otras aportaciones que se pueden observar. Hace varias dƩcadas la
RepĆŗblica Dominicana se proclamó durante varios aƱos un paĆs libre de
la malaria, tal como ha ocurrido en la mayorĆa de paĆses del Caribe y en
el resto del continente. Hoy tenemos una prevalencia endƩmica y de
tales proporciones que serĆa muy difĆcil derrotar ala enfermedad. La
estamos importando masivamente con esta inmigración. Haità mantiene la
mƔs alta prevalencia en el SIDA(10%), ocupa el octavo lugar mundial en
prevalencia de la tuberculosis; tiene altĆsima prevalencia de la
filariasis, de la malaria, del cólera, ¿cuĆ”les son los beneficios que
obtenemos importando esas enfermedades?
Defender a nuestro paĆs de semejantes calamidades, no nos convierte
en adeptos del trujillismo, ni en partidarios del genocidio nazi, ni nos
vuelve personas despreciables ni socios ideológicos de la barbarie ,
tal como quieren presentarnos aquellos que se han propuesto aplastar
nuestra dignidad valiƩndose de chantajes, de mentiras y de ultrajes .
Ahora resulta que hay que matar al mensajero, al que trae las
trƔgicas noticias, y olvidarse de la tragedia y, desde luego, del
mensaje. Esconderle la verdad al pueblo, ocultarle el rostro de la
catƔstrofe, no es aportarle soluciones. El problema haitiano no va
desaparecer presentĆ”ndolo como una patologĆa mental, convirtiĆ©ndolo en
una realidad psicológica o en la aberración sustentada por un solitario
profesor de literatura. Su capacidad destructora, la fuerza irrebatible
de los hechos, derriban estos cƔlculos.
Nos hallamos enfrentados a intelectuales, periodistas y sacerdotes
que rehĆŗsan confrontar sus ideas con los resultados objetivos de nuestra
desgracia, que creen absolutamente que el haber optado por una opción
preferencial por los haitianos, les convierte en moralmente superiores,
les otorga el monopolio del corazón. Que los santifica. No partamos de
las bondades que estos hombres se atribuyen a sĆ mismos, ni de los
rodeos y embellecimientos con que cubren sus palabras, ni del cielo
fantƔstico que nos prometen detrƔs de su proyecto que niega la idea de
nación, sino del infierno real que estÔn produciendo con su acción
infame aquĆ y ahora.
El porvenir se construye en el presente. Lo que no seamos capaces de
ver hoy nos pesarƔ maƱana. Nosotros ayer, y hoy somos el resultado de la
defensa y de la voluntad de ser. Sin defensa no hay nación. Nuestra
propia existencia como Estado , el tener una bandera, un himno y el
derecho a un gobierno propio fue el resultado de doce aƱos de guerra
(1844-1856), con la sangre en la cintura, para arrebatarle a un enemigo
avieso y hostil, La independencia.
A muchos de nosotros, como decĆa el gran Ortega y Gasset, lo peor que
nos pasa es que no sabemos quƩ pasa. Pensemos que hay una gran cantidad
de periodistas , intelectuales e incluso polĆticos, que hacen alarde de
las grandes aportaciones al progreso de nuestra nación que hacen los
haitianos. Son unos genios de la verborrea y del discurso embrollado.
Nos van a demostrar que un paĆs puede desarrollarse, importando miseria
del paĆs mĆ”s pobre del continente. Lo peor de todos los que padecen esa
alucinación ideológica es que en lugar de ocuparse de los problemas
reales que produce esta inmigración,; se inventan problemas abstractos;
se dedican a insultar a sus conciudadanos . En lugar de esclarecer y
prevenir al pueblo sobre su porvenir, se proponen ocultarle la verdad. ¡
QuƩ pena!




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