Urgente24 siempre sostuvo que la causa 'Lava Jato' (corrupción en Petrobras) iba por Luiz Inácio Lula da Silva, sobreviviente inexplicable de varios casos de corrupción que involucró a los principales dirigentes del gobernante Partido dos Trabalhadores, en Brasil. En su país, Lula goza de una notable popularidad. Quizá por esto, y porque el PT no tiene nuevos liderazgos, él deslizó la posibilidad de regresar al poder cuando concluya el mandato de Dilma Rousseff. Así fue como arrancó la nueva etapa de la investigación en un Brasil conmocionado por la corrupción de sus políticos y empresarios más representativos en el caso Petrobras. Dilma ha logrado escapar hasta ahora a ese tema pero no al derrumbe de popularidad (en su caso, por decisiones de política económica). La situación es tan compleja para la alianza en el poder que el principal aliado del PT, el PMDB ya deslizó que en la próxima elección irá por su cuenta.
La ambición de regreso de Luiz Inácio Lula da Silva provocó una situación complicadísima.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente). La Fiscalía de Brasilia ordenó investigar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva por presunto tráfico de influencias en favor de empresas de su país. La investigación fue iniciada el 08/07, pero solo fue anunciada de manera pública el jueves 16/07.
El período de indagación abarca los años 2011 y 2014 y se refiere fundamentalmente a inversiones financiadas por el estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y ejecutadas por la constructora en varios países sudamericanos.
Según la acusación, el ex mandatario utilizó sus influencias para conseguir contratos de construcción de obras en el país y en el exterior a favor de empresas.
El Instituto Lula informó que recibió con sorpresa la noticia, recordando que ya había entregado las informaciones solicitadas por la fiscal Mirella Aguiar. ""Entendemos que forma parte de las atribuciones del Ministerio Público investigar denuncias y vemos esto como una oportunidad de comprobar la legalidad y la prolijidad del Instituto Lula", dijo la oficina de prensa del instituto.
En el caso de la empresa Odebrecht ya se manifestó sobre el tema, argumentando que contrataba conferencias de Lula, lo que justificaba viajes privados hechos por el ex Presidente como proveedor de ese tipo de servicios (¿no lo hace tambien Bill Clinton, presidente de la Fundación Clinton, para los Werthein, en la Argentina?).
Lula da Silva
Lula da Silva criticó la apertura de una investigación en su contra por supuesto tráfico de influencias: "Se trata de un procedimiento absolutamente irregular, intempestivo e injustificado, razón por la que serán tomadas las medidas que sean necesarias para corregir esa arbitrariedad en el ámbito del propio Ministerio Público", dijo en una nota el ex mandatario y Instituto Lula.
La nota informa que el propio ex presidente y el instituto que dirige fueron sorprendidos por la noticia de que el procurador Valtan Timbó Mendes Furtado, de la Procuradoría de la República en el Distrito Federal, determinó la apertura de una investigación sobre un tema que ya estaba siendo objeto de estudio por la procuradora Mirella de Carvalho Aguiar.
En ese sentido, dijo la misiva, Lula no es objeto de una investigación formal ni considerado sospechoso, sino blanco de una grave violación de conducta por parte del procurador Anselmo Lopes.
También divulgó una secuencia de hechos sobre los que reiteró que el diario O Globo criminalizó un hecho ordinario, el ser contratado para dictar conferencias. Además recordó que desde el 2011, Lula hizo 78 viajes al exterior, la mayoría de ellos contratados por empresas, entidades privadas y gubernamentales extranjeras, todos ampliamente divulgados.
Tomando la noticia de O Globo, el procurador Lopes indicó que Lula podría estar practicando actos de tráfico de influencias internacional, pasando por encima del trabajo de la procuradora Aguiar, que había descartado cualquier irregularidad.
Esa idea, luego, fue convertida en una nota "escandalosamente manipulada" por la Revista Época, que asumió como verdaderas las "ilaciones infundadas" del procurador Lopes con el título "Lula, el operador", manipulando documentos oficiales, dijo la nota.
En mayo, además, el abogado de Lula y el presidente del Instituto Lula, Paulo Okamotto, solicitaron una audiencia a la procuradora Mirella Aguiar, a la que presentaron espontáneamente aclaraciones sobre las actividades del ex presidente en el ámbito del Instituto y como conferencista.
El 8 de julio el procurador Mendes Furtado adoptó una inexplicable resolución en la que ordenó la apertura de una investigación, dijo el Instituto Lula, que indicó que desconoce las razones por las que el Mendes Furtado interfirió "de manera indebida y arbitraria en un procedimiento que venía siendo conducido por la procuradora titular".
El primer día de enero de 2011, cuando traspasó la banda presidencial a Dilma Rousseff, el ex presidente Lula podría haber tomado la decisión de colgar los botines, jubilarse y disfrutar la vida.
En ese momento, Lula era catalogado por publicaciones como la revista alemana Der Spiegel como "el político más popular en la faz de la Tierra". El economista Jim O'Neill, creador de la expresión BRICS, lo calificó como el líder más importante del mundo en los últimos 50 años, por haber comandado un gigantesco proceso de inclusión social dentro de una democracia compleja como la brasileña.
Pero Lula decidió seguir trabajando. Creó su instituto -al igual que su antecesor Fernando Henrique Cardoso- y empezó a recorrer el mundo como embajador informal de Brasil, de sus empresas y sus empleos.
Los focos prioritarios fueron África y América Latina, regiones en las cuales Brasil podría ampliar su influencia abriendo oportunidades para empresas nacionales. A favor tenía las afinidades históricas y culturales para reforzar la presencia del país en el escenario internacional. Y funcionó; tanto que en su más reciente edición, la revista Foreign Affairs, la biblia de la geopolítica global, destacó el avance de Brasil como actor global en aquellas regiones.
Si Brasil fuera un país maduro y consciente de su rol en el mundo, Lula sería tratado como uno de sus grandes activos. Un líder capaz de inspirar, sumar simpatías y conquistar apoyos para los legítimos intereses comerciales de empresas nacionales, y también para las aspiraciones diplomáticas del país.
En contraste, el odio político, la disputa por el poder e intereses internacionales que prefieren ver a Brasil en una posición subalterna, lo eligieron como blanco a ser abatido.
Por caso, la revista Época (de los hermanos Marinho) convirtió a Lula en "operador" y "lobbista" de grandes constructoras.
Un reportaje también publicado en el diario O Globo sobre un viaje de Lula a Centroamérica fue el disparador de un proceso de investigación criminal contra el ex mandatario.
La acusación es de "tráfico de influencias internacional".
En suma, Lula es acusado de usar su influencia en otros países para favorecer a empresas brasileñas. En la lógica del sector del Ministerio Público que patrocina la acción, mejor sería que las grandes obras en África y América Latina fuesen vencidas por empresas chinas, estadounidenses o españolas, que también disputan esos mercados con empresas brasileñas.
Según el Ministerio Público, había tráfico de influencias porque Lula abría las puertas del banco estatal de fomento BNDES para financiar esas obras; un absurdo si se recuerda que los programas de financiación y exportación de servicios existen hace décadas y benefician a todas las empresas brasileñas que ganan licitaciones internacionales.
La investigación contra Lula, entretanto, ya está en los titulares de Financial Times y The Wall Street Journal. Denuncias contra constructoras brasileñas también vienen siendo usadas por competidores internacionales para inviabilizar a sus competidoras brasileñas en varios mercados.
El Grupo Globo, líder de la cacería contra Lula, defiende en sus editoriales que las constructoras nacionales sean sustituidas por empresas extranjeras hasta en el mercado interno. Al final, según la lógica de los Marinho, Lula es el delincuente a ser vencido, aunque el costo sea la destrucción de algunas de las mayores empresas del país.
Ante tamaña irracionalidad el remedio sería nombrar al ex mandatario ministro de Relaciones Exteriores. Sólo así, protegido de la insanidad política, podría seguir trabajando en defensa de los intereses nacionales, como lo ha hecho en los años en que ha estado fuera del poder.
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